Agencia Innova Digital.- En un discurso incendiario, la gobernadora de Chihuahua rompe el silencio: cuestiona por qué el Gobierno Federal protege a Rubén Rocha Moya —acusado de nexos con el narco en EE. UU.— mientras la persigue a ella por desmantelar laboratorios de droga con ayuda extranjera.

CHIHUAHUA. – El tablero político mexicano ha saltado por los aires este 5 de mayo. Lo que debía ser una conmemoración patriótica de la Batalla de Puebla se transformó en el escenario de un choque de trenes entre la gobernadora Maru Campos y la administración federal. La mandataria estatal no se guardó nada: denunció una “doble vara de medir” que, según sus palabras, castiga el combate al crimen y premia la complicidad.

“Al que trabaja se le ataca; al que pacta se le defiende”

La furia de Campos tiene un origen claro: la investigación en su contra por la supuesta intervención de agentes de la CIA en operativos locales. “Se habla mal por desmantelar un laboratorio y evitar que la droga llegue a las familias, y al otro se le defiende a capa y espada”, sentenció la gobernadora, lanzando un dardo directo al corazón de la Cuarta Transformación.

El fantasma de Rocha Moya y el Cártel de Sinaloa

El “otro” al que Maru Campos se refiere tiene nombre y apellido: Rubén Rocha Moya. El gobernador de Sinaloa se encuentra hoy bajo la sombra de la justicia estadounidense, acusado de vínculos directos con la facción de “Los Chapitos”. Para el gobierno de Chihuahua, resulta “inexplicable” que la federación cierre filas en torno a un señalado por el narcotráfico internacional mientras califica de “traición a la patria” un operativo estatal que sacó del mercado miles de litros de precursores químicos.

Un estado bajo la lupa: Soberanía vs. Seguridad

La renuncia del Fiscal César Jáuregui tras el polémico accidente que reveló la presencia de inteligencia extranjera no ha calmado las aguas. Por el contrario, la presidenta de Morena, Ariadna Montiel, ha escalado el conflicto exigiendo que Campos sea juzgada.

Mientras el gobierno federal se envuelve en la bandera de la soberanía nacional para rechazar la ayuda de la CIA, en las sierras de Chihuahua los laboratorios clandestinos operan a escala industrial. La pregunta que queda en el aire es devastadora: ¿Qué es más grave para México: aceptar ayuda externa para frenar el fentanilo o permitir que sus gobernantes caminen de la mano con el crimen organizado?

La guerra política apenas comienza, y Chihuahua se ha convertido en la zona cero de una disputa que definirá el futuro de la seguridad nacional.