Agencia Innova Digital.- La crónica de una muerte anunciada se consumó en la cancha del Estadio Azteca. La Selección Mexicana volvió a exhibir sus monumentales carencias internacionales al quedar eliminada del Mundial 2026, tras caer de forma vergonzosa por 3-2 ante una Inglaterra que ni siquiera tuvo que emplearse a fondo para desnudar las miserias tácticas del balompié azteca.

El Gigante de Santa Úrsula, que debió ser un búnker inexpugnable, terminó convertido en el escenario de un nuevo ridículo histórico. Javier “El Vasco” Aguirre demostró una vez más que su sistema de juego está obsoleto, planteando un partido timorato y sin ideas que regaló la iniciativa a los británicos desde el primer minuto. Las desatenciones defensivas de un equipo que pareció entregado desde el silbatazo inicial costaron tres goles que sepultaron cualquier ilusión de la golpeada afición mexicana.

Aunque el marcador maquilla el resultado con un aparente 3-2, la realidad en la cancha fue de un dominio inglés absoluto, donde las individuales mexicanas solo aparecieron cuando el rival ya había bajado los brazos. La falta de carácter, la nula planeación de los directivos y el nulo recambio generacional cobraron una factura carísima en el torneo que se jugaba en casa.

Tras consumarse el desastre, Aguirre no tuvo más remedio que anunciar su salida del banquillo en la conferencia de prensa. Ahora, el barco a la deriva queda en manos de Rafael Márquez, quien hereda un plantel desmoralizado, sin pies ni cabeza, de cara al proceso del Mundial 2030. México se despide de “su” Copa del Mundo con la cabeza baja, confirmando que sigue estando a años luz de las verdaderas potencias del fútbol mundial.