Agencia Innova Digital.- En lo que parece ser el inicio de una intervención directa y una humillante bofetada a la política de seguridad nacional, el Gobierno de Estados Unidos ha decidido tomar las riendas de la justicia que en México brilla por su ausencia. El fiscal general en funciones, Todd Blanche, ha confirmado lo que muchos temían: la clase política mexicana está en la mira de Washington por sus oscuros nexos con el narcotráfico.
El “efecto dominó” de los hijos del Chapo
La paz de los pasillos gubernamentales se ha roto gracias a que los “consentidos” de la justicia mexicana, los hijos de Joaquín “El Chapo” Guzmán, ahora cantan como canarios en las prisiones estadounidenses. Tras ser extraditados o entregados en circunstancias sospechosas, Ovidio y Joaquín Guzmán López están vendiendo a sus antiguos aliados en el Gobierno para salvar su propia piel.
Sinaloa: ¿El primer laboratorio de la corrupción?
La reciente acusación contra el gobernador morenista de Sinaloa, Rubén Rocha Moya, parece ser solo la punta del iceberg. Mientras el Gobierno federal presume una “colaboración positiva”, la realidad es que Estados Unidos está haciendo el trabajo sucio que aquí se evita por complicidad o miedo. Con más de 90 criminales entregados como “ofrendas” por la administración de Claudia Sheinbaum, la sed de justicia de Donald Trump parece insaciable.
La amenaza militar: ¿Estamos ante una invasión?
Lo más alarmante no son solo las fichas judiciales. Mientras los políticos mexicanos se esconden tras comunicados, Donald Trump ha vuelto a amenazar con una intervención militar por tierra, similar a sus despliegues en el Caribe. La advertencia es clara: “Si ellos no hacen el trabajo, nosotros lo haremos”.
México se encuentra hoy en una encrucijada peligrosa: o limpia su casa de raíz, o permite que una potencia extranjera dicte quiénes son sus gobernantes bajo la sombra de las esposas y las bayonetas.
