Agencia Innova Digital.- ¿Se acabó la luna de miel? El PT y el Verde desafían la voluntad de la presidenta Claudia Sheinbaum y mantienen “secuestrada” la reforma electoral. Ricardo Monreal admite que Morena está contra las cuerdas.
Lo que debía ser un trámite bajo el mandato de la presidenta Claudia Sheinbaum se ha convertido en un campo de batalla. En un acto de abierta desobediencia que deja al descubierto las grietas de la coalición gobernante, el Partido del Trabajo (PT) y el Partido Verde han decidido frenar en seco la reforma electoral, negándose a otorgar el “sí” que la mandataria necesita para consolidar su proyecto.
El “Efecto Monreal”: ¿Honestidad o Capitulación?
El coordinador de la bancada morenista, Ricardo Monreal, ha tenido que salir a dar la cara para admitir lo impensable: no hay acuerdo. Con un tono que denota la falta de control sobre sus socios, Monreal lanzó una advertencia que suena a derrota: si la reforma no se modifica al gusto de los aliados en comisiones, será imposible que pase en el pleno.
Los puntos que exhiben la fractura:
- Aliados insaciables: El PT y el Verde parecen estar cobrando facturas muy altas, ignorando el llamado a la unidad de la presidencia.
- Morena “en todo”: Monreal asegura que ellos respaldarán la iniciativa “en todo”, evidenciando que el partido guinda se queda solo en la defensa de la propuesta original.
- Parálisis legislativa: La falta de consenso amenaza con propinarle a Sheinbaum su primer gran fracaso parlamentario de 2026.
“Si en comisiones la reforma no se modifica, será muy difícil que pase en el pleno”, confesó Monreal, confirmando que la mayoría calificada pende de un hilo por las ambiciones de sus propios socios.
¿Se debilita el mando presidencial?
Este bloqueo no es solo un conflicto de leyes; es un golpe directo a la autoridad de Claudia Sheinbaum. Mientras la oposición observa desde la barrera, los mismos partidos que la llevaron a la presidencia ahora parecen dispuestos a descarrilar su agenda si no se cumplen sus exigencias particulares. La pregunta que recorre los pasillos de San Lázaro es clara: ¿Quién manda realmente en la coalición?
