Agencia Innova Digital.- Lo que el senador morenista Javier Corral pretendía dejar en el olvido como un “trámite más” de su gestión, ha regresado para tocar a su puerta de la forma más lúgubre posible. La mañana de este domingo, el lujoso inmueble del exgobernador amaneció convertido en un altar de reclamo social, recordándole al hoy legislador las sombras que rodean la adquisición de su propiedad.
Con letras negras que dictan un tajante “DEP Esperanza Miranda”, la fachada de la casa fue marcada como testimonio de una herida que no cierra. El escenario se tornó aún más dramático con el hallazgo de un arreglo funerario en la entrada, un recordatorio simbólico del despojo que, según denuncias, sufrió la antigua dueña, Esperanza Miranda Molinar, a manos del poder político de Corral.
Mientras el senador guarda un cómodo silencio tras sus muros vandalizados, las pintas gritan lo que las autoridades parecen haber ignorado por años. Este incidente no es un simple acto vandálico; es el eco de una acusación de engaño y abuso de poder que persigue a Corral desde Chihuahua hasta el Senado, poniendo en duda la “honestidad” que tanto pregona su partido.
