Agencia Innova Digital.- Morena ha decidido prender los motores antes de tiempo y adelantar los tiempos electorales con una estrategia que busca mantener la ventaja frente a una oposición debilitada. Con 17 gubernaturas en juego para 2027, el partido guinda y sus aliados, PVEM y PT, ya perfilan a sus aspirantes en una campaña que, aunque no oficial, se siente permanente y desafiante para las reglas del árbitro electoral.

La vida interna del partido se ha convertido en un torbellino: disputas, encuestas, registros y fuego amigo marcan el inicio de una contienda que amenaza con fracturar la unidad pregonada por Claudia Sheinbaum.

El método que les dio la victoria presidencial en 2024 —precampañas disfrazadas de “coordinaciones estatales”— vuelve a ponerse en marcha, pese a las denuncias por actos anticipados de campaña que nunca prosperaron. Mientras algunos aspirantes aprovechan la falta de lineamientos para abrirse paso en la búsqueda del voto, otros acusan inequidad y exigen reglas claras. Alfonso Ramírez Cuéllar, vicecoordinador de Morena en la Cámara de Diputados, advierte que si no se fijan pautas pronto, las batallas internas podrían agrietar al partido más poderoso de México.

La dirigencia nacional, encabezada por Luisa María Alcalde, intenta bajar el volumen a las tensiones, aunque reconoce la disputa. Sin embargo, los intentos por burlar el acuerdo contra el nepotismo impulsado por Sheinbaum —como la polémica “Ley Esposa” que ya se abrió paso en San Luis Potosí— exhiben la fragilidad de los compromisos internos.

Con todo, Morena apuesta a repetir la fórmula: adelantar la contienda, mantener a sus “corcholatas” en campaña permanente y aprovechar la ventaja que da la exposición pública temprana. El riesgo es claro: sin reglas definidas, la guerra interna podría estallar y convertir la supuesta unidad en un campo de batalla.