Investigación Periodística Por: Juan de Dios Sánchez Abreu & @VO

(Sócrates según el artista belga Louis Joseph Lebrun, 1867)
Agencia Innova Digital.- La historia mundial de la libertad de expresión se remonta a la Antigüedad, donde ya se discutía la importancia de manifestar ideas y pensamientos en la vida pública. En la Grecia clásica, filósofos como Sócrates y Platón reflexionaron sobre el valor de la palabra como medio para alcanzar la verdad y el conocimiento. Sin embargo, este derecho no era absoluto: Sócrates fue condenado a muerte en el año 399 a.C. por cuestionar las creencias oficiales y “corromper a la juventud”, lo que evidencia cómo los regímenes autoritarios castigaban la disidencia.

(El autor de esta pintura es Pedro Berruguete. La obra se titula Santo Domingo y los albigenses (también conocida como La prueba del fuego) y fue realizada aproximadamente entre 1493 y 1499).
Posteriormente, en la Edad Media, la libertad de expresión se vio severamente limitada por el poder de la Iglesia, que ejercía una fuerte censura sobre escritos considerados heréticos. Obras literarias, científicas y filosóficas eran prohibidas o destruidas, y sus autores perseguidos, lo que muestra cómo la palabra podía convertirse en un riesgo frente a las estructuras de poder. Este periodo histórico refleja que la libertad de expresión, lejos de ser un derecho garantizado, fue objeto de constantes restricciones y sanciones, lo que sentó las bases para que en siglos posteriores se luchara por su reconocimiento como un derecho humano fundamental.

Pintura de Charles Gabriel Lemonnier que representa la lectura de una tragedia de Voltaire, por entonces en el exilio, El huérfano de la China 1755.
Durante los siglos XVII y XVIII, la libertad de expresión comenzó a consolidarse como un derecho fundamental gracias a los procesos políticos y culturales que transformaron Europa y América. La Revolución Gloriosa en Inglaterra (1688) marcó un hito al limitar el poder absoluto de la monarquía y abrir paso a un sistema parlamentario que reconocía ciertos derechos civiles, entre ellos la posibilidad de expresar opiniones sin temor a represalias directas del soberano. Paralelamente, la Ilustración europea impulsó un movimiento intelectual que defendía la razón, la crítica y el debate público como pilares del progreso social. Filósofos como Voltaire, Rousseau y Montesquieu argumentaron que la libre circulación de ideas era indispensable para combatir la ignorancia y el despotismo.
Este contexto influyó directamente en la independencia de Estados Unidos, donde la Primera Enmienda de la Constitución (1791) estableció la libertad de prensa y de expresión como principios esenciales de la democracia. Dicho reconocimiento legal representó un cambio radical respecto a épocas anteriores, pues por primera vez se garantizaba jurídicamente que los ciudadanos podían manifestar sus ideas sin censura previa, sentando las bases para el desarrollo de sociedades más abiertas y participativas.

Eleanor Roosevelt y la Declaración Universal de los Derechos Humanos (1949). El Artículo 19 de la Declaración, defendido firmemente por Roosevelt para asegurar la libertad ideológica y de prensa, establece lo siguiente: Todo individuo tiene derecho a la libertad de opinión y de expresión; este derecho incluye el de no ser molestado a causa de sus opiniones, el de investigar y recibir informaciones y opiniones, y el de difundirlas, sin limitación de fronteras, por cualquier medio de expresión.
En el siglo XX, la libertad de expresión adquirió un reconocimiento jurídico y político sin precedentes, especialmente tras las devastadoras consecuencias de las dos guerras mundiales. La represión ideológica ejercida por regímenes totalitarios como el nazismo en Alemania y el estalinismo en la Unión Soviética mostró al mundo la necesidad de garantizar este derecho como un pilar de la democracia y la dignidad humana. En respuesta, la Organización de las Naciones Unidas (ONU) aprobó en 1948 la Declaración Universal de los Derechos Humanos, cuyo artículo 19 establece que “todo individuo tiene derecho a la libertad de opinión y de expresión; este derecho incluye el de no ser molestado a causa de sus opiniones, el de investigar y recibir informaciones y opiniones, y el de difundirlas, sin limitación de fronteras, por cualquier medio de expresión”. Este reconocimiento internacional convirtió a la libertad de expresión en un derecho humano universal, vinculando su ejercicio con la construcción de sociedades abiertas y democráticas. Sin embargo, a lo largo del siglo XX, numerosos países continuaron enfrentando censura, persecución y violencia contra periodistas y ciudadanos, lo que evidencia que, aunque el derecho fue proclamado, su aplicación práctica siguió siendo un desafío constante frente a los abusos del poder político y militar.
En México, la libertad de expresión ha tenido un recorrido complejo, marcado por avances legales y retrocesos políticos. El 7 de junio de 1951, bajo el gobierno del presidente Miguel Alemán Valdés, se instauró oficialmente el Día de la Libertad de Expresión en colaboración con editores de periódicos nacionales.
Esta fecha buscaba reconocer la importancia de una prensa libre como elemento indispensable para la democracia mexicana y como un espacio de diálogo entre el poder político y los medios de comunicación. Sin embargo, más allá de su carácter conmemorativo, la instauración de esta efeméride también reflejaba la tensión histórica entre el Estado y los periodistas, pues durante gran parte del siglo XX la prensa estuvo sujeta a censura, presiones económicas y amenazas directas. A pesar de que la Constitución mexicana, en sus artículos 6 y 7, garantiza la libre manifestación de ideas y la libertad de imprenta, la realidad mostró que estos derechos eran frecuentemente vulnerados. Con el paso del tiempo, el 7 de junio se convirtió en una fecha simbólica que no solo celebra la libertad de expresión, sino que también denuncia las agresiones, desapariciones y asesinatos de periodistas, especialmente en las últimas décadas, donde el crimen organizado y la corrupción han sido los principales factores de riesgo. Así, el Día de la Libertad de Expresión en México representa tanto un reconocimiento histórico como un recordatorio de los desafíos pendientes para garantizar plenamente este derecho humano.

Obra de Adolfo Mexiac (1927-2019) “Libertad de expresión” Linóleo 40 x 30 cm 1954 Colección Museo Escárcega. En exhibición.
En México, la protección constitucional de la libertad de expresión se encuentra consagrada en los artículos 6 y 7 de la Constitución Política de los Estados Unidos Mexicanos, los cuales garantizan la libre manifestación de ideas y la libertad de imprenta. El artículo 6 establece que “la manifestación de las ideas no será objeto de ninguna inquisición judicial o administrativa, sino en el caso de que ataque a la moral, los derechos de terceros, provoque algún delito, o perturbe el orden público”. Por su parte, el artículo 7 señala que “es inviolable la libertad de difundir opiniones, información e ideas, a través de cualquier medio”, prohibiendo expresamente la censura previa. Estos preceptos reflejan el compromiso del Estado mexicano con la defensa de un derecho fundamental que constituye la base de la vida democrática. Sin embargo, la realidad histórica ha mostrado que, a pesar de su reconocimiento constitucional, la libertad de expresión ha sido vulnerada en distintos momentos por el poder político, mediante censura, represión y control de los medios de comunicación. En este sentido, la conmemoración del 7 de junio como Día de la Libertad de Expresión adquiere un doble significado: por un lado, reafirma la importancia de este derecho en la construcción de una sociedad libre y plural; y por otro, recuerda las luchas y sacrificios de periodistas y ciudadanos que han enfrentado amenazas y violencia por ejercerlo.
En el contexto actual de México, la libertad de expresión enfrenta uno de sus mayores desafíos. Aunque la censura gubernamental directa ha disminuido en comparación con el siglo XX, el crimen organizado se ha convertido en el principal riesgo para periodistas y comunicadores. Los grupos delictivos ejercen control territorial y buscan silenciar investigaciones sobre corrupción, narcotráfico y violencia, lo que ha derivado en amenazas, agresiones y asesinatos. Organizaciones internacionales como Artículo 19 y Reporteros Sin Fronteras (RSF) han documentado que México se mantiene entre los países más peligrosos del mundo para ejercer el periodismo, con decenas de periodistas asesinados en las últimas décadas y una tasa alarmante de impunidad en los casos de violencia contra la prensa. Esta situación convierte al 7 de junio, Día de la Libertad de Expresión, en una fecha que trasciende la celebración: se ha transformado en un día de denuncia y memoria, en el que se exige al Estado mexicano garantizar la seguridad de quienes ejercen este derecho fundamental y se recuerda a las víctimas que han pagado con su vida el costo de informar. Así, la conmemoración se convierte en un llamado urgente a fortalecer la democracia y a proteger la verdad frente a la violencia y la censura.
