Agencia Innova Digital.-El gobierno de Claudia Sheinbaum activará este jueves un paquete de aranceles de hasta 35% contra importaciones provenientes de China y otros países asiáticos sin acuerdo comercial, en lo que se presenta oficialmente como una medida para “fortalecer la producción nacional”. Sin embargo, detrás del discurso de soberanía y reindustrialización, analistas y empresarios advierten que la verdadera intención es apaciguar al gobierno estadounidense antes de la próxima revisión del TMEC y garantizar ingresos adicionales por 3,760 millones de dólares para un Estado urgido de reducir su déficit fiscal.
La Secretaría de Economía asegura que la decisión busca proteger 350,000 empleos en sectores sensibles como calzado, textiles, acero y automotriz, y que forma parte del llamado “Plan México”, con el que se pretende elevar el contenido nacional en las cadenas productivas y generar 1.5 millones de nuevos empleos. Pero la narrativa oficial choca con la realidad de una industria local que depende fuertemente de insumos chinos y que presionó al Congreso para suavizar la medida.
El resultado: un giro que se vende como estrategia de desarrollo soberano, pero que en los hechos revela la doble jugada del gobierno mexicano: cerrar la puerta a Pekín mientras abre la ventana a Washington, en un delicado equilibrio entre la política interna y las exigencias externas.