La “aplanadora” de Morena se agrieta. Lo que parecía un trámite legislativo para consolidar el control electoral de la Presidenta se ha transformado en una pesadilla política: sus propios socios le dan la espalda, dejando la mayoría calificada en el aire.
Por: Redacción Política
El idilio legislativo de Claudia Sheinbaum ha llegado a un punto de quiebre. En un movimiento que muchos califican como un “chantaje político” de alto nivel, el Partido Verde Ecologista de México (PVEM) y el Partido del Trabajo (PT) han decidido frenar en seco la ambiciosa reforma electoral del Ejecutivo, poniendo en duda si la Cuarta Transformación realmente cuenta con la lealtad que presume.
El Verde “juega sucio”: Una contrapropuesta para marcar distancia
Mientras Sheinbaum busca centralizar y “abaratar” la democracia, el PVEM —fiel a su estilo de supervivencia— ha anunciado que no aceptará el paquete oficial sin cambios significativos. Los del “tucán” ya preparan una contrapropuesta que busca proteger sus propios intereses presupuestales y de representación, desafiando directamente la línea marcada desde Palacio Nacional. Este desplante no es menor: sin los votos del Verde, el proyecto de la Presidenta está legalmente muerto.
PT: La traición se cocina en privado
La situación es aún más crítica en las filas del Partido del Trabajo. Fuentes cercanas al Congreso aseguran que, tras bambalinas, los liderazgos del PT han advertido que no acompañarán los cambios clave que restan autonomía a las autoridades electorales. El temor del PT es claro: quedar desprotegidos ante la hegemonía de Morena. El apoyo incondicional que prometieron en campaña se ha esfumado ante la posibilidad de perder su influencia real en el tablero político.
Mayoría calificada: El castillo de naipes se derrumba
Para que la reforma electoral pase, Sheinbaum necesita cada uno de los votos de sus aliados. Hoy, ese bloque está fracturado. La arrogancia de Morena al dar por sentada la obediencia del PVEM y el PT ha provocado un vacío de poder que la oposición ya observa con regocijo.
Si Sheinbaum no cede ante las demandas de sus “socios”, su primera gran derrota legislativa no vendrá de sus adversarios, sino de aquellos que dicen ser sus amigos. La pregunta en los pasillos de San Lázaro es solo una: ¿A qué precio comprará la Presidenta la lealtad de sus aliados para salvar su reforma?
