Agencia Innova Digital.- En un cínico movimiento que confirma el control dinástico sobre el partido oficialista, Andrés “Andy” López Beltrán presentó su renuncia al Comité Ejecutivo Nacional de Morena con el único fin de asegurar una diputación federal. El hijo del expresidente, quien operaba desde las sombras en la Secretaría de Organización, ahora salta descaradamente a la boleta electoral para cobrar el derecho de picaporte en el estado natal de su padre. [1]
A través de una conveniente carta de despedida dirigida a Ariadna Montiel Reyes, López Beltrán intentó maquillar su ambición personal presumiendo supuestos logros estructurales. Sin embargo, la militancia de a pie ve con indignación cómo las altas esferas del partido despejan el camino para imponerlo en el VI Distrito Electoral Federal de Tabasco, el cual pisotea las aspiraciones locales en municipios como Centro, Jalapa, Tacotalpa y Teapa. [1, 2, 3]
Presume padrón inflado y control total del partido
Antes de abandonar el barco partidista para asegurar su propio fuero parlamentario, el heredero del movimiento rindió un balance lleno de cifras alegres que delatan una alarmante concentración de poder:
- Militancia artificial: Presumió un incremento de 10 millones de nuevos miembros, desatando sospechas sobre la legitimidad del padrón.
- Control territorial absoluto: Afirmó haber consolidado comités seccionales en el 97% del país, dejando una estructura diseñada a su modo para el beneficio de su camarilla.
- El pretexto del “proceso interno”: Excusa su salida bajo el argumento de cumplir con los lineamientos de la VII Sesión Ordinaria, operando una simulación democrática donde él ya tiene la candidatura asegurada. [1, 2]
Rinde pleitesía a Sheinbaum para asegurar impunidad
Para cerrar su misiva con broche de oro y blindarse ante las críticas de nepotismo, López Beltrán llenó de elogios exagerados a la presidenta de la República. Calificó a Claudia Sheinbaum como “la mejor presidenta de México y el mundo”, un evidente acto de sumisión política para garantizar el cobijo del gobierno federal en su nueva aventura legislativa. [1, 2, 3]
Con esta renuncia, queda claro que para la familia real del oficialismo, los cargos en el partido son solo trampolines temporales para perpetuarse en el presupuesto público.
