Agencia Innova Digital.- El panorama político en Colombia ha estallado en una crisis institucional sin precedentes tras la jornada electoral de este domingo. La contienda por la presidencia se definirá en una polarization absoluta durante la segunda vuelta entre el candidato de ultraderecha Abelardo de la Espriella, quien lidera con el 44% de los votos, e Iván Cepeda, la ficha de ultraizquierda del actual gobierno, quien alcanzó un 41%. A este escenario se suma el bloque opositor del expresidente Álvaro Uribe que, tras cosechar un 7%, ya ordenó a sus bases volcarse en favor de De la Espriella para sepultar definitivamente al oficialismo.
El contraataque de Petro y la grieta oficialista
Acorralado por los resultados, el presidente Gustavo Petro pateó el tablero democrático y denunció un monumental fraude electoral. El mandatario desconoció abiertamente el preconteo argumentando que carece de fuerza vinculante y arremetió contra la firma privada a cargo del sistema. Entre sus acusaciones más graves destacan:
- La alteración del algoritmo de conteo tres veces en la última semana.
- La inyección ilegal de 800,000 cédulas fantasma al censo oficial.
- Mesas impugnadas con cientos de miles de votos sin sufragantes reales.
La narrativa del complot sufrió un golpe fulminante desde sus propias filas: su propio candidato, Iván Cepeda, se desmarcó públicamente de Petro y aseguró que no existe ninguna evidencia de fraude.
Sheinbaum rompe la neutralidad mexicana
La crisis cruzó fronteras cuando la presidenta de México, Claudia Sheinbaum, abandonó su bandera de “no intervención” para validar las denuncias de Petro, exigiendo indagar la “falta de limpieza” en los comicios. Esta intromisión desató duras críticas:
- Alejandro ‘Alito’ Moreno: El líder del PRI sepultó la postura mexicana acusando a Sheinbaum de usar la política exterior para blindar a sus aliados ideológicos, mientras ignora que el problema real de México es su propio “narcopartido” y la complicidad con el crimen.
- Lorenzo Córdova: El expresidente del INE y asesor en la elección colombiana desarmó la teoría del fraude al explicar que el sistema es auditable por cualquier ciudadano, dejando la postura de Petro y Sheinbaum como un berrinche sin sustento técnico.
