Red Fantasma.- La reciente marcha encabezada por cientos de jóvenes de la Generación Z bajo la consigna “No soy un bot” dejó un mensaje poderoso: están hartos de la inseguridad, de la violencia que se normaliza día tras día, y de la alarmante falta de medicamentos que sigue costando vidas silenciosas. Fue, sin duda, una manifestación masiva y contundente. Pero también reveló una paradoja que ya se está volviendo un patrón generacional.
Los jóvenes sí marchan. Sí protestan. Sí levantan la voz.
Pero cuando llega el momento de votar, muchos simplemente no van.
Es un fenómeno tan visible como preocupante: un país cada vez más caro —con productos de la canasta básica que suben sin freno y familias enteras que ya no logran sobrevivir con lo que antes alcanzaba—, pero con una generación que, pese a su inconformidad legítima, no termina de entender el poder real de su voto.
Porque la marcha, por multitudinaria que sea, no cambia un presupuesto.
No deroga leyes.
No equilibra poderes.
El voto sí lo hace.
Y aquí es donde radica el mayor desafío. Si la Generación Z realmente quiere transformar el rumbo del país, no basta con llenar avenidas ni viralizar consignas. Necesita ocupar su lugar en las urnas y, sobre todo, multiplicar ese voto dentro de sus familias, sus círculos sociales y su comunidad.
Las próximas elecciones de diputados federales serán decisivas. Una Cámara de Diputados dividida —sin una sola fuerza política con mayoría aplastante— podría frenar excesos, abrir debates y devolverle equilibrio al sistema democrático. Pero ese escenario solo es posible si los jóvenes participan.
El gran temor es que, como ya ha pasado, el día de la jornada electoral termine siendo un domingo cualquiera donde la mayoría prefiere quedarse en casa, dormir tarde o “no gastar tiempo” en ir a votar. Es el instante en el que la fuerza moral de la marcha se evapora y la apatía le regala el poder a quienes sí movilizan a los suyos.
Por eso, más que un grito generacional, la consigna debería ser un recordatorio urgente:
El reloj ya comenzó a correr. La protesta sirve, pero el voto transforma.
Si la Generación Z quiere demostrar que no son bots, entonces la verdadera prueba no está en las calles.
Está en las urnas.
“Hasta la siguiente mirada crítica.”
Otras fuentes: Video transmitido en la cuentas de Tik Tok. Los derechos del material audiovisual corresponden a su autor y/o medio original. Se utilizan únicamente con fines informativos y de referencia periodística.
