Agencia Innova Digital.-Prometido como el motor del desarrollo del sureste, el Tren Maya se ha convertido en un convoy fantasma. A un año de su inauguración, apenas transporta un 5% de los pasajeros proyectados, mientras turistas y pobladores lo ignoran por caro, lejano y poco práctico. Las estaciones lucen vacías, custodiadas por más soldados que viajeros, y los autobuses y taxis siguen siendo la verdadera columna vertebral del turismo y la vida local. La gran apuesta de López Obrador, vendida como símbolo de progreso, hoy es un monumento al desencuentro: moderno en apariencia, pero irrelevante en la realidad cotidiana.