Agencia Innova Digital.- El clan Fujimori vuelve al poder absoluto tras una agresiva campaña. Mientras los mercados celebran, millones de peruanos temen el regreso de los años más oscuros de su historia. ¿Fraude o democracia?

Un terremoto político de proporciones épicas ha sacudido las bases de Sudamérica este domingo. Rompiendo todos los pronósticos y desafiando el masivo rechazo popular, los primeros sondeos a boca de urna imponen un escenario que parecía imposible: Keiko Fujimori se corona como la virtual ganadora de la presidencia de Perú.

La maquinaria de Fuerza Popular logró imponerse en una jornada electoral asfixiante, donde más de 27 millones de ciudadanos acudieron a las urnas bajo un clima de extrema polarización. Según las encuestadoras tradicionales muchas de ellas acusadas históricamente de favorecer al establishment, la candidata derechista habría sepultado las esperanzas del izquierdista Roberto Sánchez, de Juntos por el Perú, en lo que la oposición ya califica como un resultado sumamente cuestionable.

Las claves de un triunfo que enciende las alarmas:

  • Cuarto intento desesperado: Tras fracasar en 2011, 2016 y 2021, la herederos del fujimorismo logran su cometido.
  • Sombra de impunidad: El triunfo busca la total reivindicación del polémico dictador Alberto Fujimori.
  • Venganza política: Una victoria que destruye por completo el legado del encarcelado Pedro Castillo.

El festejo de los poderosos y el temor del pueblo

Mientras la Bolsa de Valores de Lima y los grandes empresarios celebran con champaña la estabilización de sus millones, en las calles se respira un aire de profunda incertidumbre. El nuevo régimen heredará un país quebrado socialmente. Las autoridades electorales, visiblemente nerviosas, ruegan por una “prudencia” que parece imposible de sostener ante un escrutinio oficial que promete ser una auténtica bomba de tiempo.