La moneda mexicana ha dado un golpe de autoridad en los mercados internacionales al romper la barrera de las 18 unidades por dólar, un nivel que no alcanzaba desde julio de 2024. El llamado superpeso sorprendió a analistas y operadores al cotizar en 17,93 unidades por divisa estadounidense, mientras el dólar atraviesa una racha negativa marcada por la fragilidad de su mercado laboral, el aumento de la deuda y la incertidumbre comercial. El avance del peso se convirtió en la mejor semana para la moneda en más de un año, justo después de que el Banco de México recortara su tasa de referencia en 25 puntos base, hasta el 7%. Contra todo pronóstico, la reducción no debilitó al peso, sino que reforzó su atractivo en el mercado de carry trade, gracias al amplio diferencial de tasas frente a economías avanzadas.
La fortaleza del peso se inscribe en un contexto de recuperación de varias monedas emergentes, como el rublo ruso o la corona checa, pero con México liderando la lista. En lo que va del año, el peso acumula una apreciación del 13% frente al dólar, colocándose como la quinta divisa más fuerte del mundo. El contraste es evidente: mientras el peso gana terreno, el dólar se hunde. Banamex advierte que la divisa estadounidense acumula una depreciación del 10,5% en 2025, golpeada por la incertidumbre sobre la sostenibilidad de su deuda y los ataques a la Reserva Federal. Para muchos inversionistas, el dólar ha dejado de ser refugio seguro y el apetito por riesgo se ha volcado hacia monedas emergentes, con México a la cabeza. El consenso de los analistas apunta a un cierre de año favorable para el peso, con proyecciones de mantenerse en torno a las 18 unidades por dólar y prolongar su fortaleza hasta 2026. La resolución de tensiones comerciales con Estados Unidos y la expectativa de una revisión positiva del TMEC refuerzan el optimismo.
El viento sopla a favor del peso mexicano. La pregunta que queda en el aire es cuánto tiempo podrá sostenerse este inesperado reinado frente a un dólar debilitado.
