Agencia Innova Digital.-Lo que debería haber sido una noche de celebración y orgullo femenino se convirtió en un triste espejo de la violencia silenciosa que viven las mujeres entre sí. El triunfo de Fátima Bosch, representante de Tabasco y nueva Miss Universo México 2025, no estuvo acompañado de aplausos sinceros ni de felicitaciones masivas, sino de miradas frías, críticas públicas y un silencio colectivo que gritó más fuerte que mil palabras.
De 31 concursantes, solo cuatro decidieron acercarse a abrazar a la ganadora; el resto, con gestos de indiferencia y comentarios posteriores, evidenció que la competencia no terminó en la pasarela, sino que abrió la puerta a un espectáculo de envidia, falta de sororidad y violencia disfrazada de inconformidad.
Concursantes como Yoana Gutiérrez (Miss Jalisco), Celeste Hidalgo (Miss Sonora) y Camila Canto (Miss Puebla) no tardaron en encender la polémica en redes sociales, asegurando que la elección “no fue justa” y que Bosch “no merecía la corona”. Más allá de un desacuerdo legítimo, los mensajes dejaron ver una profunda fractura: la incapacidad de reconocer el logro de otra mujer sin cuestionarlo desde el prejuicio o la sospecha.
El mensaje detrás del certamen
Lo que debería ser un escenario de unión y empoderamiento se convirtió en un campo de batalla donde la envidia y la descalificación demostraron que la violencia entre mujeres sigue normalizada. Este caso no solo habla de un concurso de belleza, sino de una sociedad que reproduce actitudes de competencia destructiva en lugar de apoyo mutuo.
Porque la verdadera derrota no fue de quien perdió la corona, sino de todas aquellas que demostraron que la empatía y la sororidad siguen siendo un pendiente urgente en nuestra cultura.
Llamado a la reflexión
La polémica de Miss Universo México 2025 nos deja una pregunta abierta: ¿qué ejemplo damos a nuevas generaciones cuando las mujeres, en lugar de aplaudir los logros de otras, optan por criticarlas, minimizar sus méritos o guardar un silencio cargado de desprecio?
Si queremos hablar de empoderamiento, primero debemos empezar por respetar, reconocer y celebrar la grandeza en los demás. Porque mientras la envidia reine, ninguna corona brillará lo suficiente.
