Agencia Innova Digital.- Caracas se ha convertido en una ciudad fantasma bajo el estruendo de tanques y botas militares. Tras la captura de Nicolás Maduro y su esposa en Nueva York, el chavismo ha desatado un férreo control sobre Venezuela, activando el estado de excepción y militarizando cada rincón del país.
Las calles desoladas son ahora territorio de soldados armados, mientras los puntos de control revisan teléfonos y vehículos en busca de “enemigos internos”. El régimen, debilitado por la ausencia de su líder, responde con la fuerza: se activa el Comando para la Defensa Integral de la Nación y se convoca abiertamente a la lucha armada.
En Caracas ya se registran manifestaciones con fusiles en mano, un escenario que recuerda los capítulos más oscuros de la historia latinoamericana. La represión no se detiene: al menos 14 periodistas han sido detenidos, mientras en las fronteras los venezolanos enfrentan controles militares para poder cruzar.
La población, atrapada entre el miedo y la esperanza, clama por paz. Algunos aseguran que Maduro fue traicionado, otros lo acusan de haber hundido al país. En medio de la incertidumbre, el chavismo intenta sostenerse con discursos de guerra, mientras Venezuela se hunde en un nuevo periodo político marcado por la militarización y la represión.
