Agencia Innova Digital.- El relevo en la Secretaría de Salud de Veracruz no llega como un simple ajuste administrativo, sino como la consecuencia directa de un cúmulo de inconformidades que estallaron en el sector. Tras semanas de protestas por falta de pagos y la polémica del bono de diciembre, la gobernadora Rocío Nahle finalmente confirmó la salida de Valentín Herrera Alarcón, un funcionario que nunca logró contener la crisis y que ahora regresa discretamente al ISSSTE, a la espera de su jubilación.
En su lugar, la mandataria coloca a Mariela Hernández García, exalcaldesa de Las Choapas, presentada como una mujer “seria y responsable”, pero cuya llegada se interpreta más como un movimiento político que como una respuesta técnica a los problemas de salud pública. El nombramiento fue anunciado con premura en una entrevista radiofónica, en un intento de mostrar control frente al descontento creciente.
El cambio ocurre en un momento crítico: hospitales con carencias, trabajadores inconformes y un sistema de salud golpeado por la falta de pagos oportunos. La narrativa oficial habla de “ajustes normales” en una administración que apenas comienza, pero la realidad es que la presión social y las protestas terminaron por forzar la salida de Herrera.
La gobernadora, además, adelantó que habrá más movimientos en su gabinete, incluyendo la Secretaría de Infraestructura y Obras Públicas, lo que deja ver que la crisis no se limita al sector salud.

El mensaje es claro: la administración de Nahle enfrenta turbulencias desde sus primeros meses, y los cambios en su gabinete son más una reacción a la presión social que una estrategia planificada. La llegada de Hernández García se presenta como un “rescate”, pero la pregunta que queda en el aire es si realmente podrá apagar el incendio que consume al sistema de salud veracruzano.