Agencia Innova Digital.- En un golpe devastador que sepulta las ambiciones geopolíticas de la llamada Cuarta Transformación (4T) en México, la sorpresiva confesión de Luiz Inácio Lula da Silva de que “nunca ha sido de izquierda” ha provocado un cisma político sin precedentes. Esta revelación no solo aísla al gobierno mexicano, sino que posiciona al mandatario brasileño en una postura completamente opuesta e incompatible con los proyectos populistas de la región, acelerando la inminente extinción de un bloque ideológico que se cae a pedazos.

El desmarque de Lula actúa como el tiro de gracia para una izquierda latinoamericana herida de muerte, la cual ya acumula una cadena de humillantes derrotas tras haber perdido de manera contundente el control político y territorial en países clave como Chile y Honduras.

Cárcel, juicios y el imparable avance de la derecha


El panorama para los referentes del socialismo continental es catastrófico y delictivo. La debacle se profundiza con la ruina judicial de sus máximas figuras: en Argentina, la expresidenta Cristina Fernández se encuentra tras las rejas por corrupción, mientras que el dictador venezolano Nicolás Maduro enfrenta su peor pesadilla al estar tras las rejas y detenido en Nueva York. Este vacío de poder ha dejado la puerta abierta para un avance derechista imparable, consolidado ya con el regreso al poder de Keiko Fujimori en Perú y con una inminente victoria de la derecha en Colombia que amenaza con borrar del mapa los últimos bastiones socialistas. La postura de Lula es el síntoma definitivo: la izquierda en el continente está oficialmente en ruinas y en total aislamiento.