Agencia Innova Digital.- Bajo un manto de opacidad y mentiras, Petróleos Mexicanos (Pemex) intentó ocultar la magnitud del desastre ambiental en el Golfo de México. Mientras el Gobierno Federal insistía cínicamente en que las manchas de crudo eran simples “emanaciones naturales”, un buque especializado en reparación de ductos permanecía estacionado sospechosamente durante más de ocho días justo sobre el origen de la fuga.
Información obtenida por EL PAÍS deja al descubierto la farsa oficial. Las coordenadas del navío coinciden exactamente con el punto crítico del derrame, lo que evidencia que la paraestatal no solo sabía de la falla en su infraestructura, sino que enviaron cuadrillas de emergencia mientras frente a las cámaras sostenían que “no pasaba nada”.
Esta negligencia disfrazada de normalidad pone en entredicho la ética de las autoridades ambientales. ¿Qué otros daños están ocultando bajo el agua mientras el ecosistema marino agoniza entre manchas de petróleo y reparaciones clandestinas? La evidencia es irrefutable: el gobierno prefirió salvar su imagen política antes que aceptar la crisis de mantenimiento que carcome a sus instalaciones.
