Agencia Innova Digital.- El sueño del Corredor Interoceánico del Istmo de Tehuantepec se tiñó de luto. Lo que debía ser símbolo de modernidad y desarrollo terminó convertido en una pesadilla: el descarrilamiento del tren Transístmico dejó 13 personas fallecidas y 98 lesionadas, entre ellas cinco en estado crítico.

La Secretaría de Marina, responsable de la operación, reconoció la magnitud del desastre y desplegó un impresionante operativo con 360 agentes navales, ambulancias terrestres y aéreas, además de un dron táctico, intentando contener la tragedia. Sin embargo, la pregunta inevitable es si este accidente refleja fallas estructurales en un proyecto que se ha vendido como emblema de progreso.

Mientras los familiares lloran a sus muertos y los heridos luchan por sobrevivir, el Corredor Interoceánico enfrenta su primera gran crisis pública. Lo que se presentó como un puente entre el Atlántico y el Pacífico hoy aparece como un recordatorio de los riesgos de la improvisación y la falta de garantías de seguridad.