Agencia Innova Digital.- La misión que debía salvar vidas terminó en una pesadilla. Un avión de la Secretaría de Marina (Semar), que transportaba a un paciente de apenas un año de edad en coordinación con la Fundación Michou y Mau, se desplomó en Galveston, Texas, dejando un saldo fatal de cinco personas muertas, dos sobrevivientes y una más aún desaparecida.
La aeronave tipo King Air ANX 1209, orgullo de la flota naval mexicana, se encontraba en plena aproximación cuando se precipitó en la costa texana. El accidente ocurrió pese a que la Semar asegura haber activado de inmediato protocolos de rescate junto con la Guardia Costera de Estados Unidos. Sin embargo, la tragedia ya estaba consumada.
Lo que comenzó como un traslado médico especializado —una misión humanitaria que debía demostrar la capacidad y compromiso de la Marina— terminó exhibiendo vulnerabilidades y dejando dudas sobre las condiciones de seguridad de la operación. La niebla en la zona, con visibilidad reducida a apenas 800 metros, podría haber sido un factor, pero las investigaciones aún no arrojan conclusiones.
Entre los pasajeros se encontraban miembros de la Fundación Michou y Mau, organización reconocida por su labor en apoyo a niños mexicanos con quemaduras graves. Su presencia subraya el carácter altruista de la misión, lo que hace aún más doloroso el desenlace.
Autoridades locales desplegaron buzos, drones y equipos de emergencia para atender el siniestro, mientras la Administración Federal de Aviación y la Junta Nacional de Seguridad en el Transporte iniciaron las indagatorias. La isla de Galveston, conocida como destino turístico, se convirtió en escenario de luto y desconcierto.
La Semar, que primero reportó dos fallecidos, terminó reconociendo que la cifra ascendió a cinco. El contraste entre la intención humanitaria y el resultado trágico ha generado indignación y cuestionamientos sobre la preparación y seguridad de las operaciones aéreas de la Marina.