Agencia Innova Digital.- Mientras la actual administración arremete con arbitrariedades contra los trabajadores de la educación —poniendo a disposición a servidores con más de veinte años de servicio y pretendiendo modificar horarios ya establecidos—, el Sindicato Nacional de Trabajadores de la Educación (SNTE) permanece en un silencio cómplice.

Los atropellos no son nuevos. Una y otra vez, el sindicalismo que dice representar a los docentes y administrativos ha sido señalado por negociar beneficios personales y familiares con el gobierno, entregando a la gran mayoría de trabajadores a la voluntad de sus dirigentes. El caso de Daniel Covarrubias López es solo una muestra de cómo estos líderes sindicales pactan privilegios mientras sus agremiados quedan desprotegidos.

La Sección 32 del SNTE, que en otro tiempo defendía los derechos de la base, hoy está más preocupada por cumplir los sueños políticos de sus cabecillas. Mientras se niegan recategorizaciones bajo el pretexto de que “tienen que esperar jubilaciones”, en la Delegación DIII-2 de Oficinas Centrales de la SEV los líderes sindicales han colocado a sus hijos, nueras y familiares con plazas en esas mismas oficinas centrales.

El discurso de que el SNTE es un “sindicato fuerte” queda en ridículo cuando la realidad muestra una estructura podrida por la corrupción, el amiguismo y la traición. No es la fuerza del sindicato lo que se sostiene, sino la paciencia de miles de trabajadores utilizados como borregos, mientras sus supuestos representantes se enriquecen y se acomodan en el poder.

La base magisterial levanta la voz: ¡YA BASTA! de líderes vendidos, de corrupción disfrazada de sindicalismo y de traiciones que han convertido al SNTE en un brazo político al servicio de unos cuantos.

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