Agencia Innova Digital.- La escena parecía sacada de una escuela pública olvidada por el presupuesto: cubetas estratégicamente colocadas entre curules, micrófonos protegidos del goteo y diputados mirando al techo como si esperaran respuestas que nunca llegan.
En pleno corazón del poder legislativo, las goteras irrumpieron la sesión de la Comisión Permanente, exhibiendo lo que millones de mexicanos ya conocen en carne propia: el deterioro de la infraestructura pública.
La Cámara de Diputados había presumido apenas días atrás la impermeabilización de su explanada, pero la lluvia volvió a desnudar la fragilidad de los trabajos. El agua se filtró directamente sobre las curules de legisladores de Morena, obligando a Servicios Generales a improvisar un espectáculo tercermundista: cubetas para evitar que la humedad arruinara los aparatos electrónicos.
El comunicado oficial intentó minimizar el bochorno, calificando el incidente como una “filtración menor”. Pero la imagen es contundente: si el recinto legislativo más importante del país se protege con cubetas, ¿qué pueden esperar las escuelas, hospitales y oficinas públicas que llevan años sin mantenimiento?
La gotera en San Lázaro no es un accidente aislado, es un símbolo. Un recordatorio de que en México, la impermeabilización de los discursos no alcanza para tapar las grietas de la realidad.
